Huertoterapia en Albertia Castellanos

En los centros del Grupo Albertia, se desarrolla la huertoterapia con el objetivo de contribuir a su bienestar integral y mejorar su calidad de vida. Esta intervención No Farmacológica se basa en el cultivo y cuidado de plantas, desde la siembra de semillas hasta la recolección de los productos del huerto.

La actividad tiene carácter estacional y se realiza habitualmente entre mediados de marzo y mediados de septiembre. En el centro Albertia Castellanos, durante este periodo, los residentes participan en diferentes tareas adaptadas a sus capacidades, lo que permite fomentar el contacto con la naturaleza, la movilidad, la responsabilidad y la participación activa en una rutina significativa.

Del semillero al huerto exterior

La primera fase comienza a mediados de marzo con la preparación de semilleros en espacios interiores. Esta etapa se realiza dentro de la residencia porque las condiciones climáticas exteriores todavía no son adecuadas para el crecimiento de las plantas jóvenes.

Los residentes participan en la preparación de la tierra, la colocación de semillas en pequeños recipientes y el mantenimiento del riego. Entre los cultivos seleccionados este año se encuentran tomates, calabacines, pepinillos, judías, lechugas, pimientos, tomates cherry y pimientos del padrón.

Cuando las plantas alcanzan el tamaño adecuado, se trasladan al huerto exterior. A partir de ese momento, se establece una rutina de cuidados diarios que incluye el riego, la retirada de malas hierbas, la supervisión del crecimiento y la posterior recolección de los productos cultivados.

Beneficios físicos, cognitivos y emocionales

La huertoterapia permite trabajar diferentes áreas de bienestar mediante una actividad práctica y estructurada. A nivel cognitivo, favorece la atención, la memoria, la planificación y la toma de decisiones sencillas, ya que los residentes deben seguir tareas concretas y observar la evolución de los cultivos.

En el plano físico, la actividad ayuda a reducir el sedentarismo y promueve el movimiento moderado. Las tareas del huerto permiten trabajar la fuerza, la coordinación, la precisión manual y la movilidad de extremidades superiores e inferiores, siempre con adaptación a las necesidades de cada persona.

El contacto con la naturaleza también tiene un impacto positivo en el bienestar emocional. Cuidar una planta, observar su crecimiento y participar en la recolección favorece la calma, la motivación, la autoestima y la sensación de logro personal.

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