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Como cada año por estas fechas, la residencia Albertia Moratalaz se llena de monstruos y música para disfrute de los mayores, que lo ven como un divertido baile de disfraces.

Este año, los monstruos se fueron desplazando por los diferentes salones, bailando y repartiendo un pequeño detalle de recuerdo. Halloween es una fiesta poco conocida entre las personas mayores en general. Hay quien dice que la importamos de América, pero, ¿qué hay más español que celebrarlo todo? De este modo, en la residencia Albertia Moratalaz vienen celebrando Halloween desde hace varios años.

Mayores y trabajadores disfrutaron de disfraces, música y algún que otro susto. Este atípico año, la celebración ha sido sectorizada por plantas. De este modo, respetando todas las medidas de higiene y seguridad, los “monstruos” visitaron los diferentes salones y habitaciones, acompañados de música bien reconocible, como “La Barbacoa” o “Sevillanas del Adiós”.

Lo que más disfrutaron sin duda los residentes, además de la música, fue hacerse fotografías con los monstruos. Para ellos, un momento de distensión de la rutina y una forma de olvidar la situación complicada en la que vivimos.

El álbum completo de las fotografías se puede ver en la página de Facebook del grupo Albertia, pulsando aquí.

El origen de la celebración de Halloween

El origen de la festividad de Halloween tiene que ver con una tradición de origen celta en la que celebraban el fin de la temporada de cosecha. Combina tradiciones celtas y cristianas, siendo la víspera de la celebración del Día de Todos los Santos.

Halloween tiene sus raíces en el Samhain celta, que significa “fin del verano”. Era una de las fiestas más importantes paganas en Europa, marcando el descenso de las temperaturas, la llegada del otoño y la reducción de horas de sol. Este día se daba por terminada la cosecha y comenzaba el Año Nuevo Celta, coincidente con el Solsticio de Otoño.

Durante esa noche, los celtas creían que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos. Por ello se realizaban ritos sagrados para comunicarse con ellos. También era tradición encender velas para indicarles el camino.