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El “Ganchillo”, como herramienta terapéutica para la mejora de la calidad de vida se realiza semanalmente en las residencia de mayores Albertia Babilafuente.

Si analizamos el ganchillo desde un punto de vista terapéutico, podemos observar diversos beneficios a nivel cognitivo, emocional, funcional y social. Por ello, hemos considerado la creación de un taller de carácter transversal y dinámico que va mucho más allá de la mera actividad de tejer.

En Albertia Babilafuente son muchas las aficionadas al ganchillo, coser, hacer punto etc. A modo de Reminiscencia, las residentes conversan que llevan décadas haciendo este tipo de labores ya sea por gusto, por necesidad o por compromiso. Incluidas aquellas que se han dedicado a ello toda la vida como forma de trabajo para poder subsistir. Refieren haber aprendido ésta labor desde bien pequeñas, enseñadas en casa por sus abuelas, madres y tías e incluso se reunían en las escuelas o en casa de las monjas para realizar esta actividad. Con el paso de los años las usuarias del centro mantienen esta labor como un hobbie en su tiempo libre. Sin embargo, hay un número de residentes que han dejado a un lado esta labor simplemente por ver reducidas sus capacidades mostrando el deseo de poder volver a coger la aguja.

Centrándonos en el modelo de Atención centrada en la Persona en el centro impartimos esta actividad terapéutica dentro de las terapias No farmacológicas manteniendo así los intereses y motivaciones de los residentes.

Estos talleres de Ganchillo, costura y abalorios no están dirigidos solo a personas mayores que tengan conocimientos sino también aquellas personas que desean aprender. Las propias usuarias ponen en conocimiento sus propias habilidades y técnicas en las sesiones grupales que permiten estimular las propias capacidades, socializarse y relacionarse con los demás. Una gran ventaja es su aspecto social y relacional, partidarios de adaptar (en vez de eliminar) las actividades que se practican cuando los participantes tienen dificultades físicas.

Los ovillos de lana para tejer aportan una gran riqueza visual y de texturas.

Desde el punto de vista sensorial, cognitivo y perceptivo se trata de una actividad muy completa; ya que la práctica del ganchillo requiere contar puntos, interpretar esquemas, diferenciar entre fondo y forma entre otros aspectos.  Se utilizan aparatos especiales, como ganchillos ergonómicos, engrosadores de mango o aparatos de hacer punto que permiten posiciones anatómicas para hacer ganchillo sin necesidad de realizar sobrecargas musculares o ayudan a hacer punto a las personas con artritis. A nivel emocional ayuda a combatir el estrés, la ansiedad y la depresión, a mejorar la concentración, a aumentar la paciencia con la cual nos tomamos las cosas y a despejar la mente con este hermoso pasatiempo. En esta labor las manos y la mente se enlazan y coordinan provocando que la persona aprenda a tener un mejor control de su vida diaria, para readaptar alguna funcionalidad perdida. Así como mejorar nuestra autoestima.

El resultado de estos talleres son hermosas creaciones de estilo artístico y confecciones originales como prendas de vestir y accesorios.