La residencia Elías Martínez Santiago conmemoró el Día Internacional de la Agricultura. La jornada incluyó una charla centrada en la memoria colectiva de generaciones pasadas, con la participación de personas mayores, trabajadores y familiares, y un marcado componente emocional orientado a promover el bienestar afectivo de los participantes.
Memoria y prácticas agrícolas de antaño
Durante la sesión, se recordaron las labores históricas vinculadas a la siembra, el laboreo y la cosecha. Se abordaron tareas como la preparación de la tierra con arados de madera y hierro, la siembra en hileras, el riego tradicional y la recolección manual de frutos y hortalizas. Cada etapa fue ilustrada con imágenes y herramientas antiguas procedentes de la exposición permanente de aperos del centro, permitiendo que las personas mayores reconocieran y contextualizaran prácticas que formaron parte de su vida cotidiana, al tiempo que evocaban recuerdos emotivos e identidades personales ligadas al mundo rural.
Herramientas tradicionales y aprendizaje intergeneracional
En la exposición de aperos tradicionales se mostraron instrumentos que marcaron la eficiencia del trabajo rural, como el arado de reja o vertedera, el arado de cuño, la azada, la hocina, la hoz, la guadaña, la rastra, la rasqueta, la pala, el azadón y el rastrillo, así como otros elementos como la taba y el trillo. La explicación se centró en su uso práctico, las técnicas de manejo seguro y la evolución hacia herramientas más modernas, sin perder de vista la habilidad manual y el esfuerzo físico que caracterizaban estas labores.
La actividad promovió un enriquecedor intercambio de recuerdos sobre la vida en el campo, destacando el profundo valor emocional asociado a estas prácticas: orgullo, pertenencia, seguridad y la necesidad de mantener viva la memoria agrícola entre las nuevas generaciones.




