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¿Cómo estimular la autonomía de las personas mayores?

El proceso de envejecimiento es una etapa de la vida que en ocasiones conlleva una serie de cambios y limitaciones para la persona que, sin verse afectada por ninguna enfermedad, tiene que ir adaptando su día a día a el deterioro de sus habilidades y destrezas y pérdida de capacidades físicas y cognitivas.

Con el objetivo de evitar la dependencia de terceras personas y mantener su autonomía personal el mayor tiempo posible, existen varios aspectos que se pueden trabajar con ellos:

En primer lugar, las actividades de carácter físico, cognitivo y social que estimulen el trabajo de las diferentes habilidades necesarias para el desempeño de las actividades de la vida diaria tienen un carácter preventivo y rehabilitador. Actividades como la terapia funcional, estimulación cognitiva, laborterapia, psicomotricidad, orientación a la realidad o estimulación sensorial trabajan estos aspectos consiguiendo enlentecer el deterioro de la persona.

En segundo lugar, es de vital importancia fomentar la autonomía y autodeterminación de la persona en el desempeño de las actividades básicas, instrumentales y volitivas de la vida diaria. Elegirse la ropa por las mañanas, preparar alguna receta, manejar el teléfono móvil, coser, salir a comprar y asearse por las mañanas son algunas de las actividades que se realizan cada día y que posibilitan lograr este objetivo.

La partición en actividades de la vida diaria con alto valor simbólico fomentan su autonomía, mejoran su auto concepto, sentimiento de valía, lo cual mejora en última instancia su calidad de vida.

Por último, un aspecto importante es la adaptación del entorno, es decir, algunas modificaciones pueden mejorar considerablemente el desempeño de las personas mayores en su espacio facilitando su autonomía personal.