El 21 de febrero la residencia Las Palmeras celebró un taller de cocina abierto a familias con apoyo de la terapeuta ocupacional. La actividad se realizó en el centro en horario de mañana y se diseñó para promover participación familiar, fortalecer vínculos afectivos y generar una experiencia significativa que además trabajara habilidades funcionales y comunicación en un entorno cotidiano.

Cocina como actividad significativa y terapéutica
La cocina es una actividad con alto valor personal para muchas personas mayores porque conecta con rutinas de hogar, roles familiares y recuerdos. En el taller, cada grupo trabajó en equipo para preparar el producto: organizar materiales, seguir pasos, dar forma a la masa y coordinar tiempos antes del horneado. Este proceso permite trabajar planificación simple, secuenciación y coordinación óculo-manual, además de estimular la conversación a partir de recetas, tradiciones y anécdotas.
El diseño de la actividad priorizó la accesibilidad: tareas cortas, consignas claras y apoyo profesional para que la participación fuera posible independientemente del nivel de autonomía. El objetivo no se centró en la “destreza culinaria”, sino en sostener un espacio de cooperación con sentido.
Vínculo familiar y continuidad biográfica
El taller se concibió como una forma de visita activa: la familia no solo acompaña, sino que comparte una tarea conjunta que refuerza identidad y pertenencia. Este enfoque suele mejorar la calidad del encuentro, porque aporta tema, ritmo y objetivo compartido, reduciendo silencios y favoreciendo interacción natural.
Tras la elaboración, las personas residentes consumieron el resultado como postre, cerrando el ciclo de actividad con un refuerzo claro. El centro recogió valoraciones positivas de las familias, interpretando la experiencia como una vía práctica para consolidar participación y abrir espacios que refuercen el bienestar emocional dentro de la residencia.



