Actividades significativas para las personas mayores

Inspirados por las historias de vida de los residentes del centro Las Fuentes, se identificó un patrón común: muchas personas usuarias habían mantenido contacto con el campo a lo largo de su vida, ya sea trabajando la tierra, cuidando plantas o disfrutando de los frutos de sus huertos. Este vínculo se convierte en una oportunidad para reavivar recuerdos, emociones e intereses, permitiendo a los residentes experimentar nuevamente la satisfacción de trasplantar flores, tocar la tierra o ver crecer sus cultivos.

Esta actividad surge como respuesta a la petición de un residente mayor que, tras una vida dedicada a la agricultura en su pueblo natal, llegó al Centro acompañado de su esposa. Para él, continuar con su pasión por el cultivo era esencial, tanto para su bienestar físico como emocional. Con este propósito, se le habilitó un espacio donde pudiera seguir practicando lo que más disfrutaba.

Cuando las capacidades cognitivas de los residentes lo permiten son ellos mismos quienes comparten esta información. En casos de mayor dependencia son sus familias o grupos de apoyo quienes colaboran, asegurando que cada actividad sea significativa y adaptada a sus preferencias.

Actividades centradas en la persona

El Centro tiene como objetivo principal desarrollar actividades que sean relevantes y motivadoras para las personas usuarias. Por ello, se prioriza la personalización y se fomenta su participación activa en la planificación de las actividades, respetando sus decisiones y rompiendo con antiguos modelos en los que los profesionales decidían por ellos.

En este espacio dedicado al cultivo, los residentes deciden qué plantar según la temporada, promoviendo la capacidad de decisión y reforzando su autonomía. Esta actividad también transforma el rol de los profesionales, quienes actúan como acompañantes en el proceso, brindando apoyo pero dejando que los residentes lideren cada etapa.

Beneficios integrales del huerto y el jardín

El cuidado del huerto trasciende la actividad física. Plantar, cuidar y recolectar productos no solo contribuye a la motricidad, la coordinación y el equilibrio, sino que también fortalece habilidades cognitivas como la memoria episódica y autobiográfica, al evocar experiencias del pasado.

A nivel emocional, el impacto es significativo: realizar una actividad con sentido para ellos potencia su bienestar, reduce sentimientos de soledad o abandono y les brinda una satisfacción personal inigualable. Además, el cultivo ecológico les permite aprender nuevas técnicas y disfrutar de alimentos frescos que ellos mismos han producido, fomentando la cohesión grupal al compartir los frutos de su trabajo con sus compañeros en el comedor.

En el ámbito social, estas actividades fortalecen las relaciones entre residentes, promueven la socialización y favorecen la implicación de las familias, que pueden participar activamente o simplemente acompañar durante las sesiones.

Inclusión de todos los residentes y sus familias

Aunque los residentes más autónomos participan de manera más activa, el proyecto también incluye a aquellos con mayores grados de dependencia. Incluso con una participación más pasiva, estas personas se benefician enormemente al compartir espacios y actividades con sus compañeros y familias, reforzando el ejercicio de su derecho a la autonomía a través de apoyos personalizados.

Más allá del huerto: integración en la comunidad y economía circular

Inicialmente, las familias aportaban semillas y colaboraban en el cuidado del huerto. Con el tiempo, esta actividad se ha expandido, integrando salidas a viveros locales para seleccionar simientes, lo que refuerza el vínculo con la comunidad. Además, los productos obtenidos se utilizan en actividades complementarias como talleres de cocina o se incluyen en “El Colmado”, donde se comercializan artículos elaborados por los residentes y sus familias, cerrando el ciclo de una economía circular.

Un espacio de unión y propósito

El huerto no solo cultiva alimentos, sino también relaciones y sentido de pertenencia. Esta actividad fomenta la interacción entre familias, residentes y profesionales, permitiendo que las familias se involucren activamente y contribuyan al bienestar de sus seres queridos. Al final, este espacio se convierte en un ejemplo vivo de cómo una actividad significativa puede transformar vidas, conectar generaciones y fortalecer una comunidad.

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