El cambio de hora es una práctica adoptada por diversos países desde principios del siglo XX, con el objetivo de aprovechar mejor la luz solar y, de este modo, reducir el consumo de energía. Esta iniciativa fue popularizada durante la Primera Guerra Mundial como medida para ahorrar recursos y con el tiempo se extendió a más naciones. A pesar de los avances tecnológicos y los debates sobre sus beneficios reales, el cambio de hora sigue vigente en muchos países.
¿Cómo afecta el cambio de horario a las personas mayores?
Sin embargo, este ajuste horario puede tener efectos significativos en la salud y el bienestar de las personas, especialmente en las de mayor edad. Al modificar las rutinas diarias de sueño y vigilia, el cambio de hora altera el reloj biológico, también conocido como ritmo circadiano. Las personas mayores son particularmente susceptibles a estos cambios, ya que su proceso de adaptación suele ser más lento, lo que puede generar molestias como fatiga, insomnio y alteraciones en el estado de ánimo.
Además, el ajuste de la hora puede provocar desorientación, aumentando la confusión y la sensación de ansiedad en algunos adultos mayores. Para mitigar estos efectos, los expertos sugieren realizar la transición de manera gradual, ajustando poco a poco los horarios de sueño y las comidas en los días previos al cambio. También recomiendan evitar el consumo de cafeína u otros estimulantes y realizar ejercicio al aire libre para facilitar la adaptación al nuevo horario.
Mientras algunos países consideran la posibilidad de eliminar esta práctica, es cada vez más evidente que los efectos del cambio de hora sobre la salud, especialmente en las personas mayores, deben ser evaluados cuidadosamente al momento de decidir su continuidad.




